El sábado tío Carlos llegó a mediodía con la máquina de matar hormigas. Nuestra familia, siguiendo una antigua tradición, se sentaba a la mesa a esa hora, pese a que ya cundía entre los nobles la moda, llegada de la poca madrugadora Corte de Francia, de almorzar a media tarde. Soplaba un viento del mar, recuerdo, y se movián las hojas.
En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos.
-¿Qué están diciendo?- preguntó Zazie mientras terminaba de enfundarse los bluyinses.
Fue el verano en que el hombre pisó por primera vez la luna.
sábado, 10 de octubre de 2009
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